OCASOS

PATRIMONIO DE LA CIUDAD DE BADAJOZ

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Los atardeceres, desde el adarve de la Alcazaba o desde las orillas del viejo Guadiana, son todo un espectáculo de luz y color, de una belleza excepcional, en especial, en las frías tardes del invierno pacense. Reflejos y contraluces, brillos y contrastes, hacen del ocaso en la ciudad, un auténtico monumento cambiante, diferente en cada jornada. Un desafío a la cámara fotográfica de turistas, expertos y caminantes.

Estas imágenes son instantáneas de la tarde del último domingo del inverno. Las praderas de la alcazaba eran el escenario de un auténtico ceremonial coletivo. En nuestras mentes gozan de extraordinaria fama los atardeceres de playas paradisiácas y exóticas. Igualmente consideramos de belleza extraordinaria las puestas de sol entre las dunas del desierto o en el Palmeral de Marrakech. Mas es la conjunción del medio natural, la historia y los sentimentos, la suma de todos estos elementos, lo que permite dar vida propia al espectáculo único de los crepúsculos badajocenses. Solamente nosotros, aquellos que sentimos la ciudad como algo propio y parte de nuestras vidas, podemos interpretar y sentir las emociones profundas de esta inigulable coreografia. Familiares meriendas campestres, grupos de paseantes de pausado caminar, niños afanados en sus pueriles juegos y apasionados enamorados arrullados bajos los pinos. Todos, espíritus soñantes alineados hacia popniente, somos los auténticos protagonistas de lo que parece ser un común y reverenciado homenaje al astro rey.

El espejo del Guadiana parecía devolver los reflejos irisados de incontables crepúsculos centenarios, celosamente guardados en el libro de la historia. Las miradas perdidas de innumerables personajes como Marwan el fundador, Al-Mutawakil el último rey de Badajoz, de Godoy el Príncipe de la Paz, de Marín de Rodezno o del General Menacho.

Los que frecuentamos este lugar y estos momentos, jamás vimos por aquí a nuestros políticos (ediles gobernantes u opositores), ni a Gobernadores Civiles o Delegadas de Gobierno. También extrañamos la ausencia de algunos arqueólogos o arquitectos portadores únicos del saber y de la verdad. Y paradójicamente, tanta belleza entre estas ruinas descuidadas, que se derrumban delante de nuestros ojos. Todo ello, en medio de lugares legendarios, donde siglo tras siglo vivieron y murieron los personajes únicos, que defendieron como en ningún otro lugar de Eapaña, la independencia de nuestra patria.

Así nos luce el pelo. Plazos eternos, reuniones tediosas, mentiras, desprecios... Hay que vivirlo para sentirlo. O posiblemente, hay que sentirlo para vivirlo. Cada día nuevos monumentos efímeros engalanan la historia de Badajoz.

 

 

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 Antonio García Candelas      Sugerencias e impresiones

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