EVORA  

Cidade Patrimonio da Humanidade

Depois das impressões das numerosas civilizações que conformaram sua história, quando o reino luso se estendeu para o sul, Évora se abriu passo na a cada vez mas pujante vida da nação portuguesa, chegando a ser um de seus enclaves mas dinâmicos e florecientes.

A aventura americana e o regresso de conquistadores e aventureiros, favoreceu seu crescimento. Grande número de casa nobres e palácios, junto a sua Universidade fundada Cardeal Dom Enrique, convertem-na num maravilhoso museu, presidido pelos estilos renascentista e manuelino.

Evora e os monarcas lusitanos.

Foi elevada a capital do reino e durante longos períodos, a Corte fixou aqui sua residência. A população viveu um longo período de florecimento, já que depois da nobreza se estabeleceram numerosas ordens religiosas, que fundaram grande número de igrejas e conventos. Durante o reinado da dinastia de Avís, levantaram importantes monumentos de estilos arquitetônicos tão diversos como mudéjar, gótico manuelino, renascentista ou manierista.

A nobreza contribuiu com sua presença ao enriquecimento do patrimônio monumental, já que se construíram numerosos palácios e casa nobres, cujos proprietários competiram entre si em importantes labores de mecenato. Juan II, D. Manuel I e D. Juan III a levaram a atingir seu maior esplendor, lá pelo século XVI, dotando-a de sua prestigiosa Universidade, nascida de mãos da Companhia de Jesús. As frequentes lutas com Castilla, favoreceram o fortalecimento de suas fortificações, independentemente das numerosas fortalezas que se interpunham entre a cidade e a fronteira. As primitivas construções romanas, árabes e cristinas se foram reconstruindo e adaptando aos novos tempos, assegurando-se a defesa por meio de vários cintos defensivos.

O último recinto foi dotado de fortes e baluartes, amparados por profundos fossos, de acordo com as técnicas próprias da fortificação abaluartada que se estenderam ao longo da fronteira e na largura dos dois países peninsulares.


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Catedral de Santa María

Dedicada a Santa María, la catedral se construyó sobre restos anteriores, en el mismo lugar donde se ubicó una antigua mezquita de la época andalusí. Se inició en 1186, siguiendo las pautas románicas, aunque fue reconstruida con posterioridad en el siglo XV, con estilo gótico medieval. El oscurecido color de su granito rosa, junto con su apariencia recia y almenada, le confieren el aspecto propio de una fortaleza.

Su planta se corresponde con una cruz latina de tres naves. La fachada principal se encuentra presidida por dos imponentes torreones cuadrangulares de desigual altura, que flanquean el pórtico de arco quebrado, dotado de arquivoltas sustentadas por representaciones de los doce apóstoles, de fina y elaborada talla atribuida a Telo García.

El claustro es de estructura rectangular, con arquería hueca abierta hacia el patio central. Se encuentra decorado en su parte alta con rosetones de sabor árabe. En su interior pueden admirarse diferentes enterramientos bellamente elaborados a partir de mármoles de Estremoz, que guardan los restos de los obispos D. Pedro (que ordenó la construcción de la Sé) y de D. Fernando Martins.

A lo largo del tiempo, la catedral se vio progresivamente enriquecida con aportaciones arquitectónicas propias de cada época. En el siglo XIV se adosaron a ambos lados del pórtico principal, dos impresionantes túmulos funerarios, con los restos de importantes próceres de la ciudad. En el reinado de D. Alfonso, fue abovedada una de las torres  principales, revistiéndola  exteriormente de azulejos sevillanos. Algo mas tarde en su nave central, se levantó un bello y monumental pulpito renacentista. El coro, la sillería y el órgano que hoy se pueden admirar, proceden del siglo XVI.

Decenas de monumentales iglesias y conventos, se reparten por la intrincada ciudad, pero una pequeña capilla, perteneciente a la Iglesia de San Francisco, en el centro de la ciudad monumental, se diferencia de todas las demás, a pesar de su esplendor y magnificencia. Este particular rincón que evoca las relaciones entre la vida y la muerte,  fue construida por la voluntad de tres monjes del siglo XVII. Tiene apenas 200 metros cuadrados, es tenebrosa y oscura, causando al visitante una extraña sensación. Todo es producido por el revestimiento escogido para "adornar" sus techos, paredes y columnas. Materiales empleados: calaveras, tibias, peronés, inclusos esqueletos completos. Se trata de la "Capilla de los Huesos".

Como consecuencia del reinado de Felipe II, la corte decide trasladarse nuevamente a Lisboa y con ella, el consiguiente séquito de nobles y clérigos que buscaba en la protección real,  la continuación de privilegios y servidumbres. A partir de entonces, Évora fue viendo como la vida ciudadana perdía poco a poco su pujanza, aunque mantuvo la capitalidad política y administrativa de su zona geográfica, de la que continuaron de pendiendo numerosas e importantes poblaciones del centro sur de Portugal.  

 

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  Antonio García Candelas        Sugerencias e impresiones

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